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Ka'Po'Tun. La leyenda del Hombre Tigre.

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Ka'Po'Tun. La leyenda del Hombre Tigre.

Mensaje por Femtoxv el Dom 26 Abr 2015 - 22:26

7 de Mitad de Año, 192 de la Cuarta Era. (Primer hoja) El inicio de Tamriel.
He podido salir en una tripulación que iba directo hacía Tamriel esta madrugada, al fin he decidido llevar un diario.
Hace una semana fui llamado por el consejero de Tosh Raka, nuestro poderoso Dios y Rey, que me ha encomendado ir hacía Tamriel en la próxima tripulación que se dirigía para allá, pues los planes de Tosh Raka han ido como esperaba. Los Tsaesci han sido eliminados por nuestra raza, somos los salvadores de Akavir.
Hoy he estado mareado y no puedo dejar de pensar en como será el famoso continente que aún habita humanos, mortales, aquellos que ya han sido extintos en mi continente. El capitán de el barco que hemos creado para irnos de Akavir, dice que estima llegar en una semana, yo solo espero que lleguemos a salvo.

-Hojas Perdidas del Diario-

17 de Última Semilla, 201 de la Cuarta Era. (Onceava hoja) El día más largo.
Esta mañana salí para encontrar el lugar donde se esconden esos Barbas Grises, esos seres blasfemos que engañan a aquellos que poseen la sangre de dragón para manipularlos a su antojo. He escuchado que el último Sangre de Dragón, Miraak, estuvo merodeando cerca de la Garganta Profunda, la montaña más grande en todo Skyrim.
Lamentablemente, los Imperiales me atraparon mientras cruzaba un gran río, como si fuera afortunado, no muy lejos, se estaba llevando a cabo una disputa civil entre los Capas de la Tormenta y los Imperiales, terminaron atrapándonos a todos los que estuviéramos cerca de aquel incidente, inclusive atraparon a un pobre ladrón que decía venir de Paraje de Rorik. 

Al llegar a Helgen, el pobre cobarde terminó corriendo por su vida pero los arqueros pudieron alcanzarlo con sus flechas envenenadas.
Estaba cerca de morir, los Imperiales exigían que fueran ejecutados todos los que nos encontrábamos cerca de la disputa, eran órdenes de un tal General Tulio. Al momento que me llamaron, empecé a ponerme nervioso, pues Tosh Raka estaría muy decepcionado de mí que me haría sufrir inclusive en el Recordatorio de las Almas, el lugar donde todas las almas vacías van a parar por cobardías u osadías. Justamente unos segundos antes de que el hacha del verdugo cortará mi frágil y manchado rostro, se escucho en el cielo el grito de un Dragón, ¿era Tosh Raka?, no, este dragón era de un color negro oscuro, lo único que podía pensar era que estaba agradecido con ese dragón negro.

Rápidamente uno de los nórdicos que cuidaban a Ulfric, líder de Los Capa de la Tormenta me ayudo a levantarme y me apresuró para llevarme a una torre de un guardia, ahí se encontraban más Capas de la Tormenta, y Ulfric. Mientras, el hombre que había salvado mi vida me tomó de los brazos atados y me llevo al segundo piso de la torre, donde repentinamente apareció de nuevo el dragón negro que con sus temibles garras destruyo la torre asesinando a un pobre hombre, el dragón ahora no parecía ayudarme, si no que intentaba asesinarme. -¡Salta al otro lado de la torre!, ¡Yo estaré bien!- dijo el nórdico mientras su rostro mostraba una sonrisa que parecía darme un poco de esperanzas para salir. Pude saltar al otro lado de la torre y caí en el piso superior de una casa que estaba en ruinas por el dragón que sobrevolaba por toda la Ciudad de Helgen. 
Había guerreros destripados por toda la ciudad, niños despedazados y quemados, y animales muertos que estaban por doquier. No lo pensé dos veces y corrí rápidamente ignorando toda atrocidad a mi alrededor, era como la Guerra que hubo en Akavir, entre los Hombre-Serpientes, Tsaesci y los Hombre-Tigre, nosotros, los Ka Po'Tun. 
Tuve que abrirme paso utilizando a los soldados que parecían protegerme, pero que en realidad protegían su ciudad y a su gente. Cuando corrí al lugar más seguro, dos hombres parecían pelearse por mi destino, era el mismo hombre de los Capa de la Tormenta que me salvo, y el otro era un Imperial. Con una tristeza en mis ojos, tuve que negar la hospitalidad y protección del hombre que me salvo, pero jamás sin olvidarlo, pues tenía una misión personal que debía cumplir, era el asesinato del General Tulio.
Ignorando al nórdico, abrí la puerta que me llevo a la guarida de los Imperiales, ahí estaba Hodvar, el imperial que utilizaría, para llegar al General Tulio, el me dijo que había ropa y una espada sobre un cofre que sin pensarlo dos veces tome, ahí empezó mi odisea sobre Tamriel, con el asesinato de dos inocentes nórdicos que representaban a los Capa de la Tormenta. 
Tome una llave que estaba sobre otro cofre y rápidamente entre tantas llaves, busque la indicada para abrir una puerta cerrada que nos llevaría a fueras de Helgen. Al abrir y bajar las escaleras, la torre de control en la que estábamos empezó a derrumbarse y unas rocas nos bloquearon el camino que nos llevaba directo a fueras de Helgen. Le pregunte al Imperial que que podíamos hacer, y el contesto que la única forma era rodear todo el lugar destruido. Al abrir una puerta que nos daría toda la vuelta a las grandes piedras que estaban en nuestro camino, se podía escuchar a dos nórdicos que hablaban de saquear un gran cargamento de los Imperiales al salir, fue entonces cuando me di cuenta que las intenciones de Ulfric como las del General Tulio, eran las mismas. Manipular a su gente para propósitos personales. Tanto aborrezco a ese tipo de personas vacías, ahora sentía una gran sed por acabar con Ulfric, el hombre que asesino a un Rey en una región de Skyrim, lamentablemente, desconocía tal locación. Tuve que asesinarlos para llegar otro piso debajo de la ciudad, era como si fuéramos hacía las cloacas de la ciudad. Al bajar las escaleras pude ver como un Imperial peleaba contra dos Nórdicos que pudieron acceder a las cámaras de tortura de Helgen, yo me quede inmóvil y no por el miedo, si no por la necesidad de ver a esos tres hombres mutilarse entre sí, pero Hodvar no pensó lo mismo e inmediatamente, atravesó a ambos hombres con su gran y largo mandoble.

-Llegaron tarde.- dijo el pobre anciano que estaba a punto de morir, mientras se percató que una de sus victimas había sido asesinada brutalmente sin haber sido saqueada, entonces Hodvar me ofreció unas ganzúas para abrir la celda que había perdido su llave. Me costo un poco de trabajo, pues en Akavir jamás utilizamos esas herramientas, pero con ayuda de Hodvar, pude aprender a abrir cerraduras.
Era sorprendente lo que había dentro de esta jaula, el residente de ella, era un mago que desvestí rápidamente para tomar su ropa cómoda, además había dejado tirado todo su dinero y un libro de hechicería que inmediatamente y sin pensarlo dos veces leí, fue como si absorbiese cierta energía que me daba un poder más allá de lo que conocíamos en Akavir, -Eso es magia- dijo Hodvar con una sonrisa en su rostro y yo estaba confundido, preferí ignorarlo. Así que esto es el poder de las magias que utilizaban los Tsaesci sobre nosotros, los rayos que salían de sus manos cuando peleábamos salvajemente, ahora lo comprendo.
Mi objetivo en ese momento era salir rápidamente sin hacer preguntas, pero en cada lugar había un obstáculo que nos impedía seguir. Con Hodvar y el ayudante del torturador, fuimos hacía la siguiente habitación, donde habían dos guerreros de espadas inmensas que se abalanzaron hacía nosotros para asesinarnos, la ropa de Imperial que llevaba puesto era señal de que era el enemigo de ellos. Los tres corrimos hacía el primer nórdico que atravesamos los tres con nuestras espadas, luego de eso, pude ver como Hodvar saco un arco como el de los Tsaesci en Akavir y atravesó con flechas doradas, las cabezas de los restantes guerreros. Estaba sorprendido de ver esa raza pelear entre ellos y no entre otras razas, pudimos escapar de ahí, pero abajo nos esperaba otra cosa.... El nido de arañas gigantes, este tipo de criaturas que solo llegue a ver en mi infancia antes de la Gran Guerra en mi continente, después de eso se extinguieron. Pude ver como Hodvar saco ráfagas de llamas de sus manos mientras mataba a todas las arañas, pero del techo cayó la madre de ellas, una araña gigantesca que medía grandes proporciones, Hodvar me grito que utilizará el hechizo que había aprendido, pero era inexperto para utilizar magia, lo intentaba pero no podía hacer nada, la araña se me acercaba amenazadoramente mientras un veneno caía de sus grandes colmillos, entonces milagrosamente, mis manos empezaron a lanzar llamas que quemaban las patas del arácnido. -Lo has hecho bien.- dijo Hodvar mientras seguía su camino sin verme a la cara. -Vamos estamos cerca de la salida.-
Caminamos unas cuantas horas hasta que llegamos a lo que parecía ser un gran hoyo cavado sobre la nieve, la salida secreta de la ciudad, al salir, pude notar que Helgen estaba completamente destruido y el dragón apenas y se estaba alejando de la ciudad, mientras los sobrevivientes salían a ver a sus camaradas muertos...

-Continuara.-
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Re: Ka'Po'Tun. La leyenda del Hombre Tigre.

Mensaje por Femtoxv el Lun 27 Abr 2015 - 1:27

17 de Última Semilla, 201 de la Cuarta Era. (Onceava hoja) El día más largo. 
Segunda parte.
El imperio me capturó y me sentenció a morir junto a los Capas de la Tormenta rebeldes. Nos llevaron a Helgen, pero antes de que pudieran ejecutarme, apareció un dragón que ataco el pueblo. Necesito más detalles de este dragón.
Hodvar ha parecido muy interesado en mí, solo espero que no sepa que soy un Hombre-Tigre y me siga confundiendo con los Hombre-Gato que viven en este continente, llamado Tamriel. Al salir de la cueva subterránea que nos llevo a orillas de Helgen, pudimos observar como el dragón se dirigía hacía el norte de donde estábamos, el Imperial dijo que se dirigía hacia Carrera Blanca, pero no conocía ni siquiera un pedazo de Skyrim, ni mucho menos de Tamriel.
Nos escondimos unos minutos, en lo que el dragón se alejaba. Entonces Hodvar me dijo que deberíamos separarnos para no crear confusiones y que me dirigiera hacía Cauce Boscoso, al norte de donde estábamos, ahí vivía su tío quien era el herrero del pequeño pueblo, sin pensarlo, pues no tenía otra opción, me dirigí hacía allá en busca de respuestas acerca de ese dragón negro.
Tomamos caminos separados, pero en mi mente sabía que iba a volver a encontrar a ese tal Hodvar, quien me llevaría hacía el General Tulio. Estoy seguro recordar que caminé durante horas por los mismos lugares, inclusive me topaba al mismo zorro una y otra vez mientras yo creía que avanzaba, sin embargo, me encontraba perdido en los inmensos bosques con nieve, pude notar después de cierto tiempo como un conejo me retaba para que lo persiguiera y no dude en hacerlo, con el arco intente asesinarlo pero era muy veloz y este se movía en zig-zag intentando evadir mis ataques, al seguirlo durante unos minutos, este me llevo a un lugar donde se encontraba atrapado sin salida, pero lo curioso de este lugar era que habían tres piedras en forma de totems que tenían una inscripción distinta cada una, mate al conejo antes de que escapará, le quite las piernas para comérmelas y después me acerque a lo que un letrero llamaba como "Menhires". 
Pude notar como una de ellas resplandecía en cuanto me acercaba, era "El Menhir del Guerrero" que me llamaba desde Skyrim hasta Akavir para protegerme sobre su signo, el signo del guerrero.  
Tuve que marcharme de ahí, pues no había más que hacer, sin duda, unos lobos siguieron el olor desconocido de lo que en Tamriel jamás se había llegado a oler, los lobos habían descubierto mi verdadera naturaleza de Akavir, a lo que rápidamente los mate y despedace para no dejar evidencia, pero lamentablemente unos bandidos habían observado como me alimentaba como si fuese un hombre lobo, despedazando con mis grandes garras los pequeños cuerpos de los lobos, asustado y en pánico, los bandidos corrieron al lugar más cercano y seguro, los iba siguiendo desde lejos con mi visión nocturna que podía darme una mejor imagen de los cuerpos en movimiento. Después de un rato, a lo lejos pude alcanzar a oler con mi fino olfato, el guisado de alguien no muy lejos de donde se encontraban estos bandidos que huían de mi aterrados, podía oler como una pierna de ciervo se asaba y desprendía una esencia deliciosa. Quise ser sigiloso en ese momento, así que me moví a hurtadillas, mientras me iba acercando, podía distinguir los rostros de las cinco personas que estaban cerca del perol. Se trataba de dos mujeres armadas con grandes arcos de caza y tres hombres con hachas de guerra y martillos. Tres de ellos que perseguía, llegaron asustados a avisarle a los otros dos que habían visto una especie de bestia en los bosques, algo parecido a lo que es un Khajita. Una de las mujeres rápidamente deducío que se trataba de un Ka Po'Tun, los hombre-tigres. Estaba un poco nervioso de que se esparciera la noticia por todo Tamriel de que un ser de Akavir se encontraba en Tamriel, era obvio que el Imperio iba a mandar soldados en mi búsqueda, así que decidí desaparecer a estos pobres bandidos, desenvaine mi espada rápidamente y en lo que el sonido del acero y la funda sonaban, ya me encontraba detrás de uno de ellos, rápidamente los demás voltearon asustados y se echaron a correr hacía la mina que estaba delante de ellos, asesine al hombre que poseía la espada más filosa y larga, después me acerque a lo que era un letrero que decía "Mina de Ascua", lo rompí de un espadazo y entre inmediatamente en busca de esos soplones quienes podían arruinar mi misión.
¿Porqué todo es muy distinto a Akavir?, ¿es que acaso que la avaricia y el egoísmo ya se han apoderado de este hermoso continente?..

Lo primero que pude notar era el soporte de antorchas que estaba encendido, alguien aparte de esos seres asustados estaba dentro de la mina, así que decidí adentrarme aún más. Mi confianza me cegó y no me dejo ver lo que era un alambre en el suelo que jalaba de unas rocas que caerían sobre mí, pero mi velocidad me ayudó a escapar. Más abajo había dos hombres discutiendo sobre la seguridad de la mina, pero con mi arco pude asesinarlos con una simple flecha que atravesó la cabeza de uno y se incrusto en el pecho del otro, era una escena aterradora y sangrienta. Decidí no perder tiempo y buscar a aquellos que habían escapado, pero antes de eso debía bajar un gran puente con un tipo de palanca, la busqué por un rato y descubrí que estaba detrás de el puente en un cuarto solo, la sorpresa fue que cuando baje el puente, inmediatamente se acercaron dos personas que escucharon los gimoteos de los hombres que había asesinado. La magia nunca fue algo que existiera en Akavir, así que decidí evitarla antes de que pasará algo contrario a lo que tenía planeado. Saque mi mandoble de hierro y sin que se lo esperarán, me escondí detrás de un muro, que me ayudo a atravesar los blandos cuerpos de los humanos. 
Al cruzar el puente, quise volver a jalar la palanca para subir el puente y para que nadie escapará, rompí la palanca principal. Al caminar otro tiempo, pude ver un gran cofre que escondía un tesoro valioso, al menos eso demostraba la gran caja de acero, pero igual se podía escuchar la voz de un hombre que se quejaba mientras custodiaba la puerta del tesoro, decidí correr hacía el para clavar mi espada en su estomago lo cual fue eficaz para asesinarlo. La sorpresa fue el ver su rostro distinto y deformado, parecía un hijo de Malacath, el príncipe daedra de los repudiados, aquel ser mitad Dios y mitad Demonio, guardián de los malditos, de la boca del ser muerto parecían sobresalir los dientes inferiores.
Ignoré al cadáver y utilicé las ganzúas que Hodvar me había entregado en Helgen para abrir la puerta del tesoro que con un poco de esfuerzo, logré abrirla, empuje la puerta mientras me acercaba con entusiasmo al cofre, donde pude encontrar un Yelmo de Hierro que poseía unos grandes cuernos, esto sin duda escondería mi apariencia de tigre y me confundirían con un Khajita. Tome todo lo que pude y me marche, estaba cerca de estos seres que huyeron de mí, podía olerlos... a ellos y a otra persona... era un olor violento, como si me estuviera esperando en la otra habitación..
-Continuara.-
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